Friday, September 21, 2007

EL INFIERNO EN LAS CARICATURAS, O EL PARAÍSO DE LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO...

Por Alejandra Espino a.k.a. Comandante A.
Publicado en INVASION! 666 Junio 2003.




Desde los bestiarios medievales hasta las imágenes de Saddam Husein sodomizando a un Satanás amanerado y emocionalmente co-dependiente, existe cualquier cantidad imaginable de representaciones del Maligno y sus dominios, así como de los secuaces que se encargan de esparcir el mal en otros ámbitos, especialmente en la vida diaria de los corruptibles humanos.

Es a través de este imaginario de lo diabólico que podemos reconstruir lo que se ha concebido en diferentes momentos y lugares como la idea del Mal, y al unir estas ideas a un medio en el cualquier cosa es posible (el de las caricaturas), se obtienen resultados sorprendentes, divertidos en algunos casos, impresionantes en otros, que por presentarse bajo la apariencia de inofensivos productos “para niños” o por lo menos, “poco serios” ante los ojos de quienes poseen el “verdadero saber”, concentrado en academias, bibliotecas y museos, totalmente respetable y solemne.... casi tanto como superproducción de Walt Disney... pero eso lo veremos luego; por ahora hay que descender a las profundidades del Infierno, según lo vieron las dos tendencias más importantes de la animación norteamericana en la primera mitad del siglo XX* (Ojo: Si me refiero exclusivamente a la animación norteamericana de este periodo es por la numerosa cantidad de representaciones dedicadas al demonio, y particularmente al infierno (no olvidar a Pluto ante un tribunal de gatos, a los pasteles Devil Food, de las Sinfonías Tontas, y un largo etcétera).

RED HOT MAMMA: UNA CHICA, EL INFIERNO, Y UN POCO DE JAZZ

Sin duda una de las protagonistas más entrañables del mundo animado es la siempre sexy, siempre inocente Betty Boop; la chica de la gran cabeza, el minivestido y las formas voluptuosas, descendiente directa de las cantantes de vodevil de los años ’20, es una de las grandes creaciones de los estudios Fleischer, la efímera contraparte neoyorkina de los estudios Disney durante los primeros años de la animación norteamericana.

Las caricaturas de Betty Boop, hasta 1935, se centraban en situaciones y entornos poco apropiados para las chicas buenas de la época: se movía entre cabarets, tras bambalinas de las producciones de cine (todos sabemos como ese ambiente corrompe a las almas puras) o en entornos surreales dentro de su propia casa, e invariablemente era manoseada, perseguida o acosada por alguno de esos aprovechados que nunca faltan. Además, como era característico de las animaciones de los Fleischer, el movimiento de los personajes respondía al ritmo de la música que los acompañaba en sus aventuras, generalmente jazz; así, a pesar del poco movimiento y expresividad facial de Betty Boop, su cuerpo estaba en constante movimiento, balanceándose casi imperceptiblemente, si no bailando con naturalidad y suaves movimientos de brazos, piernas y caderas.



Así, no es de extrañar que tarde o temprano Betty Boop acabara en el mismísimo infierno, en la caricatura de 1934 Red Hot Mamma. La acción va como sigue: en una noche helada, Betty prende la chimenea y cierra todas las ventanas, de forma que las figuras en sus cuadros y fotos se derriten, dos pollos espontáneos que habían entrado al en el cuarto se rostizan, y la chimenea se convierte en la entrada a los dominios de Satán, hacia la que Betty se dirige para caer finalmente entre demonios y flamas. Betty canta y baila con ellos hasta que el Diablo la persigue, obviamente encantado por la pecaminosa figura de la chica, que desdeñosamente le da la espalda (Gives him a cold shoulder) causando que el Infierno se congele con este gesto. En este momento, Betty Boop se despierta en el cuarto con las ventanas abiertas, y se vuelve a dormir, calentándose ahora con cobijas...

Este retrato del infierno representa una de las actitudes hacia la faceta oscura de lo desconocido: la burla y el juego entre un imaginario con cientos de años de vida, y lo que resulta condenable en el momento histórico en que se hace cada manifestación. De forma significativa, el soundtrack del infierno es música sacada de los cabarets y bares no precisamente de ambiente familiar. Se sabe incluso que Dave Fleischer buscaba a los músicos y cantantes para sus caricaturas en las mismas giras nocturnas en las que pescaba “pollitas” no muy distintas a la inmortal chica boop-boop-a-doop. Por otra parte, la tenemos a ella, a la chica que va por el “mal camino” literal y conceptualmente, pues, además de dirigir físicamente sus pasos al infierno, no lleva el estilo de vida más recomendable que digamos. Era tan evidente lo poco apropiado de la vida de Betty Boop, que a partir de 1935, después del Hay’s Act, un decreto que censuró las actitudes sexualmente provocativas en las caricaturas, a Betty la mandaron a la cocina, le alargaron la falda hasta por encima de las rodillas, y dejó de bailar al infernal ritmo del jazz.



LA BELLA DURMIENTE y MALÉFICA:
LO INFERNAL EN UNA SUPERPRODUCCIÓN


En el otro lado del quehacer caricaturesco, y al otro lado de los EUA, encontramos a los estudios Disney, hogar de la primera criatura animada que se vendió como objeto de merchandising (sí, el empalagosamente bueno Mickey Mouse), y de las primeras superproducciones en el rubro de la animación. El primero en tantas cosas, Walt Disney fue el primero en usar Technicolor, en explotar la cámara multiplano para dar atmósfera a los escenarios, en tirar material de más para después elegir y editar…

En este ambiente de ebullición creativa, de cantidades impensables de talento humano que desfilaban por los estudios californianos, se generó otra imagen de los parajes infernales, que destaca por la fuerza de sus imágenes, inolvidables para cualquiera que las haya visto.



Como una de las superproducciones más entrañables de Disney tenemos La Bella Durmiente, de 1959, cuento clásico acerca de la historia de la princesa Aurora, bendecida al nacer con dones otorgados por sus hadas madrinas. Al haber olvidado invitar a Maléfica, el hada oscura, ésta se hace presente de todas formas en el bautizo de la niña y la maldice, condenándola a muerte tras pincharse con la aguja de una rueca, al cumplir dieciséis años. La tercera de las hadas madrinas cambia la maldición, pues no puede quitarla por lo poderosa que es Maléfica, así que el destino de Aurora será caer dormida hasta que la despierte “el primer beso de amor”. Como me imagino que ya saben la historia sólo hay que recordar las partes que nos interesan, como el castillo de Maléfica, su transformación en dragón y el paisaje de espinas que crea para detener al príncipe, sitio de la batalla final entre las fuerzas del bien y el mal.

Descendiente de la madrastra de Blancanieves (cuyos calabozos, prácticas de brujería, y actitud sentaron un gran precedente), Maléfica es una versión llevada al máximo de la mujer malvada de los cuentos. Se trata de uno de los, si no es que el personaje más atractivo de la película, a pesar de ser la antagonista de la rubia, bella y delicada princesa. Visualmente, es una mujer impresionante: su rostro anguloso, verde, y de una expresividad ilimitada, junto con su andar cadencioso, mucho más suntuoso que el de los miembros de la realeza, su vestuario negro, su indiscutible elegancia y su inquebrantable maldad, la hacen la mejor de los villanos y uno de los caracteres femeninos más memorables que alguna vez se vieron en una caricatura disneyana.

Además, tenemos los entornos en los que se desplaza esta encarnación de la maldad, capaz de llevar la oscuridad y la desolación a cualquier lugar en el que se aparece. El castillo de Maléfica es oscuro, masivo, iluminado en tonalidades verdosas en las que sus esbirros bailan en círculo, en grotescos aquelarres, mientras ella los contempla con una media sonrisa malévola, mientras disfruta con sus planes macabros.

Sin duda, el momento cumbre de la acción de Maléfica, y uno de los más impresionantes de la película es la batalla entre el príncipe y esta reina de las tinieblas, que crea una barrera infranqueable de zarzas para impedir que él llegue a rescatar a su princesa. Al ver que Felipe avanza hacia el castillo, ella decide convertirse en un enorme dragón, que lanza fuego verdoso e invoca a todas las fuerzas del Infierno para acabar con él; sin embargo, las hadas madrinas le otorgan el escudo de la virtud y la espada de la verdad, con las que él atraviesa el pecho del hada maligna, en un momento de clímax que da paso al previsible desenlace. Aquí es donde apreciamos que la maldad de Maléfica es completa y congruente, es una mala de verdad: es capaz de inmolarse con tal de que el bien no cumpla su misión.



A pesar de lo visualmente avanzada que resultó La Bella Durmiente, con sus escenarios tendientes a lo geométrico, sus figuras desplazándose con toda naturalidad, y los ejemplos de expresividad facial de los personajes, las ideas que le dan origen a esta película, están fuertemente vinculadas a un imaginario romántico, en el que los sentimientos, o la naturaleza del personaje se expande por el entorno. Además, siguiendo las preferencias de Walt Disney, la música que completa la acción es la del ballet de Tchaichovsky, y tenemos a la orquesta sinfónica completa, lo que nos da una obra grandilocuente y exquisita, cuidada en todos los detalles.

EL INFIERNO ANIMADO, O LAS IMÁGENES QUE QUIZÁ NO VOLVEREMOS A VER

De la revisión de estos dos ejemplos de caricaturas, de dos momentos y dos productoras, con dos finalidades diferentes, el rasgo común que más me sorprende es la facilidad y la frescura con la que ambas, a pesar de lo elaborado de la película de Disney, tratan y se acercan a temas que hoy resultarían impensables dentro de una producción dirigida a un público infantil, especialmente provenientes del gigante californiano.

Así, tenemos una chica en camisón que pasa casi todo el tiempo a contraluz, y aparece ante nuestros ojos la silueta de su cuerpo con todo detalle, mientras escuchamos música “poco seria”, con canciones cuya letra tiene más de una implicación erótico-festiva. Además está la irreverencia, perdida por mucho tiempo en los ejemplos de animación del mainstream (hasta el renacer del absurdo con personajes como Los Simpson, Ren y Stimpy y los más recientes South Park, con uno de los Satanases más memorables), que permite que Betty Boop, para empezar baje al Infierno, desaire al Diablo, congele su ambiente, y se quede tan contenta.

Por el otro lado, a pesar de lo seria que puede ser una película de Disney en comparación con los frenéticos Fleischer, existen un sinfín de elementos que hacen a La Bella Durmiente una pieza que difícilmente se repetiría actualmente. Obviando el hecho de que hoy sería impensable pensar en gastar en una película hasta endeudar al estudio, tenemos el indudable atractivo del personaje antagónico, porque si bien los villanos suelen ser terriblemente divertidos, con las mejores voces invitadas de y esto es lo que pasa con Maléfica, que se vuelve la parte favorita, o la que menos se olvidará al pensar en esta película. Parte de su atractivo es lo terrible que resulta, lo implacable de su fuerza, y lo que seguramente no volveremos a ver en una cari de Disney, es lo extremo de su maldad, que la hace vincularse directamente con el Maligno, al que con todas las letras invoca contra el príncipe Felipe…

Si Red Hot Mamma saliera hoy en día en condiciones similares a las que salió con Fleischer, dirigida al público infantil, inmediatamente habría una docena de asociaciones de padres quejándose de lo explícito de la sexualidad de esas imágenes, y un par de grupos feministas pidiendo sacarla del aire por la objetualización de la figura de la mujer y por las asociaciones negativas que una caricatura como ésta produce en la psique de la niña en formación.

Si La Bella Durmiente se estrenara este verano, otra docena de asociaciones de padres de familia (quizá las mismas, procedentes del midWest, o de la capital del Imperio, la petrolera y open-minded Texas) pondrían el grito en el cielo, apoyadas por algún obispo pederasta, por la exposición de sus retoños a una clara e innegable muestra de rituales satanistas, y se generaría un boicot (el arma favorita del fanático capitalista) en contra de cualquiera de los productos imaginados por la diabólica productora.

El demonio entró en nosotros desde niños, el Diablo y sus secuaces nos han acompañado revestidos de imágenes sumamente atractivas, por lujosas o por divertidas. Si la eternidad tras una vida de pecado se parece en algo a la imaginada por los estudios de animación, definitivamente, mi elección está hecha: que suene la orquesta, que mi piel se vuelva verde, y que las chicas rubias se queden con el príncipe.

2 comments:

David said...

donde encuentro un numero impreso de su fanzine???

visita mi fanzine, desde matamoros
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vanessa carranza said...

Aburrido :p